domingo, 19 de abril de 2009

Reflexiones

Hace tiempo que no hago ninguna entrada que reflexione sobre temas que me interesan y me preocupan. Hoy quiero pues romper esta mala costumbre para hablar de una cuestión que a mi parecer es inquietante, la falta total de un mínimo nivel de educación de buena parte de nuestros jóvenes.
No me refiero a educación como un valor social y cívico, (por ahí no entro que me dan nauseas) me refiero a educación en el sentido de capacitación, de conocimientos adquiridos en el estudio y en los colegios.
De cuando en vez me gusta entrar en los foros de los periódicos para no solo saturarme de más mentiras periodísticas, sino que, pulsando las opiniones de los demás adquiero una perspectiva más amplia sobre mis congéneres y la sociedad que me rodea. No suelo pedir milagros, se perfectamente en qué foros uno puede entrar si desea un intercambio de ideas positivo, pero en ciertos medios he podido comprobar que si uno intenta expresar su opinión en base a ciertos conocimientos, o respondiendo a una lógica determinada, se ve sacudido por una relativa mayoría de personas sin mayor rigor que el insulto, la falta de capacidad para establecer una tertulia o el seguidismo programado de ante mano.
Es grave la cuestión y más al tener en cuenta el altísimo grado de analfabetismo que tenemos hoy día. Encontrar comentarios más o menos bien redactados y con un número razonable de faltas de ortografía es casi misión imposible en algunos chats y foros, de hecho, casi resulta un insulto que algunos nos expresemos con arreglo a unas mínimas normas ortográficas, enseguida te acorralan con el insulto fácil de la arrogancia.
En esta nuestra sociedad en donde prácticamente la juventud tienen de todo lo imaginable a sus pies, es triste comprobar la decadencia en aspectos básicos. Se necesita como agua de mayo que nuestros políticos acuerden por fin un plan de educación serio, en donde los valores como el respeto hacia los demás, el esfuerzo y otros retomen el protagonismo que jamás debieron perder. No quiere esto decir que ya me convierta en un “conservador”, todo lo contrario, hay que ir hacia adelante, lo que pasa es que se ha perdido tanto terreno que parece que estamos peor que antes de la segunda república. De verdad, para este viaje no hacían falta tantas alforjas y si lo que pasa en la red es significativo de lo que es la sociedad, ¡Buff! Lo vamos a pasar muy mal en el futuro.


Mareaxe.

1 comentario:

  1. Te animo a que sigas colgando reflexiones sobre temas que te preocupan, y a que no tengas miedo de bajar a las profundidades: aunque la sociedad intenta amedrentarnos con esa sombra (queriéndonos convencer de que la reflexión sedentaria y profunda es cosa de pedantes y redichos, a los que todo se les va por la boca -para ellos, la boca solo guarda relación con el cerebro en ocasiones esporádicas-) Piensan que todo son derroches de inútiles, que deberían buscar trabajo, formar una familia y leer un periódico de alguna ideología a su elección: si quieres verdad, desafía a la polis, y a todo lo establecido, incluso aquello establecido por ti mismo: desafía a tu interior. Busca las fronteras de tu espíritu y ensánchalas. Hay que remover este negro bosque desde las raíces de los árboles más ancestrales: la reflexión siempre debe estar en la vanguardia.

    Pasando al tema en concreto, creo que ya lo comenté contigo en muchas ocasiones: la red es un útil quebradizo y volátil: se inscribe en esta dictadura de la prisa que vivimos, y en este medio todo es patológicamente relativo: el anonimato, la calidez del hogar y la garantía de que nada te ocurrirá por tus actos, hacen de Internet un nido de picaresca humana: no entres buscando informaciones fiables, ni opiniones sólidas, ni grandes sistemas de pensamiento porque en la red no los encontrarás. Por el momento, solo los libros son dignos de crédito para la búsqueda práctica (aunque parece que estos pierden protagonismo a una velocidad alarmante)

    Comprenderás, que en Internet, donde todo el mundo lleva mascara, donde en apariencia no existen puertas cerradas, y donde la estupidez no se castiga, sino que se premia, pedir una educación tradicional ya es el colmo.

    Te hablo pues, de la educación en la España real, que si fuera buena de verdad acabaría reflejándose tanto en la red como en otros ámbitos.

    Vivimos en un país extremadamente polarizado, guiado por consignas, donde se odia al librepensador: aquí, si no tienes un carnet nadie te da nada, si no piensas de una precisa y acotada forma eres repudiado por los que se consideran poseedores de esa "verdad absoluta", a la que basta un vistazo para darse cuenta de que tan solo es un pamplina muy bien dibujada: política en todo su esplendor.

    En España siempre es primavera: la sangre siempre encrespada, y las aulas venas sufridoras donde se refleja ese conflicto. Así, una de las penurias de nuestra educación es su incapacidad para dar una formación moderada, honesta y eficaz a los estudiantes: Solo vemos ideólogos, solo vemos carnets; clases-excusa, enchufismo y palabrería: entre los dos polos, un vacío que pagamos los estudiantes. Un vacío que se rebela, como todo vacío profundo.

    Se de lo que hablo, porque lo veo días tras día: algo de lucidez respira en mi hirviente adolescencia. Las chicas, las espinillas y el furor juvenil no me impiden ver el problema con más perspectiva, ver más allá: en profundidad (volvemos al principio)

    En una sociedad así, es difícil encontrar a auténticos librepensadores: en ocasiones, cuando reflexiono, debo tirar abajo el edificio y partir de nuevo desde cero, porque me percato de que he partido de una consigna, de un "creo" de un "estoy convencido" previo que impide el fluir completo del espíritu y del pensamiento ¡Ahí también la desgracia de nuestro arte español, de nuestro sentir español! ¡Somos tan previsibles!

    A medida que crezco, trato de superar las consignas; las orientaciones ideológicas, innatas y dominadoras: me vuelvo más tolerante, más indiferente hacia los acontecimientos de la polis (fatigosos y crispantes) Tiendo más hacia el libre pensamiento: como un pájaro que abandona su nido poco a poco. Y desde mi pensamiento libre de ataduras, me declaro: anarquista espiritual,, fascista material, antiabortistas...Tantas cosas...pero todo tiende a una soberana: la anarquía permanente ,lo más sano en lo que se puede militar: al manar franco de un espíritu siempre deseoso de emanciparse más, siempre hambriento.

    Te aconsejo que hagas lo mismo, y perdona la extensión del texto

    Un Saludo Fuerte

    ResponderEliminar